Con amor para los niños

Cuando era pequeña, sin querer, se lo hice pasar un poco mal a mis padres.

Nací con un pequeño problema de salud que afectaba a mis riñones y durante muuuchos años, mis padres tuvieron que estar muy pendientes de mí y de mi tratamiento.

Murales infantiles 100% personalizados pintados a mano alzada en Barcelona por La que pinta
Cuadros infantiles de La que pinta Barcelona

Llegó un momento en el que sólo habían dos soluciones: una era operar (cosa que le partía el alma a mis padres porque era muy pequeñita) y la otra era hacer un tratamiento muy largo y algo complicado: tenía que tomar la medicación todos los días a la misma hora durante casi un año, sin una sóla falta.

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Cuadros infantiles pintados a mano 100% personalizados de La que pinta 

¿Os imagináis la dificultad de seguir un tratamiento tan estricto?

Pues gracias a mis padres y al doctor, lo conseguimos.

Quizás hubiese sido más fácil enviarme a quirófano, menos sacrificio para mis padres y menos trabajo para el doctor. Pero formaron un equipo y gracias a ellos, me curé, crecí…y pinté y pinté y pinté. Y hasta hoy.

Murales infantiles 100% personalizados pintados a mano alzada en Barcelona por La que pinta
Cuadros infantiles pintados a mano 100% personalizados de La que pinta.

Muchos años después, tenía dos cuadros preciosos y gigantes que hice para una feria y que pensé guardar para cuando tuviese hijos. De hecho, los tenía en casa de mis padres desde hacía un par de años. Me costó muchísimo pintarlos porque eran enormes y con mucho detalle, así que eran mi pequeño “tesoro” y los estaba guardando como oro en paño.

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-No sé exactamente cómo fue, pero un día comiendo con mis padres surgió la conversación:
-¿Y te acuerdas de la cantidad de veces que tuvimos que ir a Can Ruti?

¡Claro! ¡anda que no recuerdo aquella sala de espera aburrida y gris en la que nos tocaba esperar horas y horas para visitarnos!

Cuadros infantiles pintados a mano por La que pinta Barceloa con animales animados jugando, leyendo y banándose en un arcoiris.

Y ahí llegó el pensamiento: lo que más recordaba de aquella época era el hastío que se respiraba en aquella sala de espera, tan de hospital, tan de adulto y a la vez tan para los niños. Tan triste, gris, aburrida y fea.

Cuadros infantiles pintados a mano por La que pinta Barceloa con animales animados jugando, leyendo y banándose en un arcoiris.

No diré que fue algo automático, pero poco después fui a mi antigua habitación, vi los cuadros… y pensé que ya no eran míos, que tenían algo mejor que hacer.

Cuadros infantiles pintados a mano por La que pinta Barceloa con animales animados jugando, leyendo y banándose en un arcoiris.

Me costó un poquito localizar al que fue mi pediatra y otro poquito decirle, sin parecer una loca o una fanática, que me tomaba la libertad de regalarles los dos cuadros  que tanto me gustaban para que los niños que estén allí, como estuve yo, no tengan un recuerdo tan gris y tan triste.

Cuadros infantiles pintados a mano por La que pinta Barceloa con animales animados jugando, leyendo y banándose en un arcoiris.
Muchas enfermeras y médicos de la planta que vinieron a verlos y a darme las gracias.

Fue duro despedirme de ellos, pero la satisfacción de salir por aquella puerta sabiendo que se ha hecho algo bueno, es mucho mayor.

Al final los cuadros no fueron a la sala de espera de pediatría, pero están en un sitio mejor: en la planta 7 de maternidad, dónde muchos niños pasan horas ingresados y paseando por esos eternos pasillos.

Aquí os dejo más fotos de detalle de los cuadros:

 

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